2 marzo, 2024

Evaluación del Ciclo Electoral 2014-2015

Documento preparado por la agrupación Batllismo Abierto respondiendo a la exhortación del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Colorado.

 

  1. INTRODUCCIÓN
    • Este trabajo es producto del intercambio entre correligionarios de Batllismo Abierto, y por lo tanto refleja aportes de personas de distintas generaciones y trayectorias dentro del Partido Colorado (PC).
    • Evaluemos lo ocurrido para procurar entender. El primer requisito para intentar superar los graves problemas que atraviesa el Partido es reconocer que existen. A la hora de analizar el resultado del ciclo electoral que culminó, debemos evitar caer en actitudes autocomplacientes, ocultándonos a nosotros mismos la gravedad de la situación. Si salimos “a trabajar” como lo hemos hecho siempre. antes de haber realizado un análisis serio y riguroso, probablemente repitamos prácticas y errores que nos trajeron al estado en que nos encontramos.
    • La gravedad de la situación partidaria está dada por la extensión y profundidad de la crisis, así como por su persistencia en el tiempo. Creemos que en el proceso que condujo a la situación actual se cometieron errores de diverso calibre; y que han existido, y subsisten, diferentes percepciones de la realidad nacional, y de la estrategia, táctica y ubicación que el Partido debe darse en ella. Abordamos nuestro análisis tan dispuestos a exponer nuestras razones como a escuchar las de los demás, sabiendo que nadie es dueño de la verdad completa y que, con respeto, todos tenemos derecho a expresar nuestra visión de las cosas.
    • No pretendemos agotar el análisis en un solo documento, ni en una sola Convención. Pero nos anima la idea de razonar colectivamente, aportar las diferentes visiones, sin flagelarnos ni pasar facturas, tratando de comprender y responder con inteligencia a los desafíos que la hora nos plantea. El tema no se agota en una discusión ni en un documento, pero principio quieren las cosas.
    • Con este espíritu es que ingresamos al análisis, aportando estas reflexiones desde el más entrañable sentimiento de pertenencia e identidad colorada y batllista, y comprometiendo nuestro mayor esfuerzo para contribuir a superar la crítica situación en la que nos encontramos, que resumimos sin circunloquios del siguiente modo:

El resultado electoral del Partido en el ciclo 2014–2015, a nivel nacional y departamental, fue redondamente desastroso, dejando a la colectividad frente a una encrucijada histórica que bien podría comprometer su propia supervivencia.

  1. ANTECEDENTES
    • La pasada derrota fue peor que la de 2004, precedida por un gobierno colorado que soportó las “siete plagas de Egipto”. Entre ellas una crisis financiera de tal magnitud que, en otros países de América sin la solidez democrática uruguaya, pudo haber significado un quiebre institucional. Sin embargo el Partido, con responsabilidad institucional, honrando su mejor tradición, con aciertos y errores, mantuvo el rumbo y finalmente el país salió a flote, comenzando un largo período de prosperidad.
    • Decimos que el reciente fracaso electoral fue peor, no sólo por el retroceso cuantitativo respecto a la elección anterior, sino por el adicional de frustración originado en las desmesuradas expectativas que se alentaron durante la campaña, contribuyendo a que la derrota golpease más duramente a la masa partidaria.
    • En efecto, desde 2010 el Partido inició una nueva etapa, fundamentalmente signada por la consolidación del liderazgo de Pedro Bordaberry (PB), que surgió como principal figura al cabo de la elección departamental de 2005, y que tuvo su mejor hora en octubre de 2009 alcanzando, contra todos los pronósticos, el 17% de los votos. En mayo de 2010, las elecciones departamentales confirmaron en general la tendencia de crecimiento: se retuvo Rivera y se ganó Salto, lo que fue apreciado como un importante avance en el proceso de recuperación partidaria. En aquel año, la dirigencia colorada volvía a mirar el futuro con razonable optimismo.
    • Pero a las puertas del pasado ciclo electoral, una observación ponderada de la realidad debió llamar a la moderación: desmintiendo las expectativas o ilusiones del entorno, durante todo el período de gobierno 2010-2015 las encuestadoras atribuyeron al PC una intención de voto estable, con pequeñas oscilaciones, en torno al 15%.
    • Durante el quinquenio pasado, el Partido cumplió formalmente con el ritualismo orgánico. Sin embargo, mirando hoy hacia atrás, se advierte que en sustancia las acciones no se tradujeron en la recuperación del prestigio del P. Colorado ni, finalmente, en el voto ciudadano.
  2. Los órganos nacionales del Partido (Comité Ejecutivo y Convención) funcionaron regularmente. En algunos departamentos los Comités Ejecutivos y Convenciones Departamentales funcionaron bien, pero en otros no funcionaron, o ni siquiera se constituyeron. El CEN, cuya Prosecretaría del Interior permaneció vacante durante todo el período, solucionó algún problema puntual pero no hizo un esfuerzo sistemático para activar la vida partidaria en todo el país. Justo es consignar que la Carta Orgánica no atribuye al CEN ninguna potestad específica en ese sentido.
  3. Se realizaron elecciones juveniles de medio término, en cumplimiento de la Carta Orgánica, ocasión en que los sectores se movilizaron y presentaron un importante número de listas, generando una militancia atípica para nuestra colectividad. Sin embargo, salvo excepciones, este episodio no se tradujo en la irrupción de esos jóvenes votantes en los ámbitos orgánicos. En general faltó asistencia y actuación juvenil en la Convención Nacional y en las Convenciones Departamentales (algunas de las cuales ni siquiera se instalaron, como ya se señaló). En definitiva, el ejercicio vio rebajado su valor, en las previas, porque faltaron controles para garantizar la transparencia del sufragio, y en las posteriores, porque faltó continuidad en el trabajo dirigente para encuadrar y fidelizar a quienes se sumaron ocasionalmente en el natural entusiasmo que provoca toda elección.

 

  1. Se convocó al Congreso Ideológico 2011-2012, un importante esfuerzo que concluyó en la reafirmación de las bases programáticas del Partido. Lamentablemente, tal esfuerzo no tuvo mayor repercusión en medios de comunicación, ni en la sociedad civil, ni en el propio Partido que, conforme con la virtual unanimidad alcanzada en el Congreso, no insinuó siquiera profundizar ni ampliar el debate.

 

  1. Se discutió y resolvió concurrir a formar el Partido de la Concertación (PdlC), para comparecer en las elecciones departamentales montevideanas bajo un mismo lema y acumular votos entre un candidato colorado y un candidato nacionalista, con la posibilidad de habilitar una tercera candidatura. También acá se cumplieron todos los rigores formales y la iniciativa fue aprobada por abrumadora mayoría; pero una minoría perdidosa no se allanó al categórico pronunciamiento de la Convención; la delegación colorada en el PdlC careció de la orientación del liderazgo partidario; y a fuerza de falta de atención de unos y sobra de intención de otros, la habilitación de la tercera candidatura provocó toda suerte de daños, cuyas repercusiones están lejos de acallarse.

 

  1. Se promovió la recolección de firmas para plebiscitar la baja de la edad de imputabilidad. La campaña no fue realizada exclusivamente por el PC, pero es innegable que el Partido fue su abanderado y principal impulsor. En pocos meses se reunieron las firmas necesarias, objetivo que propios y ajenos ponían en duda. Finalmente no se consagró la reforma, pero se obtuvo el 45% de los votos. Un logro mayor, para un partido desacostumbrado a la movilización y en los últimos tiempos muy alejado de los reclamos populares. Sin embargo, el importante apoyo obtenido para la reforma propuesta no benefició en nada al proponente. Ni poniéndose a la cabeza de la fuerte demanda popular de más seguridad, pudo el PC aumentar su caudal electoral; ni aún pudo evitar que se redujera.

 

  • Mencionamos la realización de las elecciones juveniles, el Congreso Ideológico, la conformación del PdlC y la reunión de las firmas como acciones exitosas del Partido durante el quinquenio pasado, porque lo fueron en principio, sin considerar los resultados de la elección departamental montevideana ni del plebiscito, naturalmente posteriores. Entonces, al inicio del ciclo electoral 2014-2015 parecía que el piso nacional para el PC era el 17% registrado en 2009. Siendo esto así, ¿por qué alcanzamos apenas el 13% en 2014?

 

  1. LAS ELECCIONES INTERNAS

3.1. La elección interna del PC no fue competitiva. Se admitía de antemano que el ganador sería PB, lo que se jugaba era la ventaja con la que iba a triunfar y el desempeño de las diferentes listas dentro de las respectivas corrientes. Si bien las listas hicieron un importante esfuerzo de movilización y militancia, se estuvo muy lejos de la   disponibilidad de recursos económicos, publicitarios y militantes que exhibieron el Partido Nacional (PN) y el Frente Amplio (FA).

3.2. El comando de campaña de PB subestimó el potencial de Lacalle Pou (LP), dio por seguro el triunfo de Larrañaga y bajo esos supuestos “no hizo el gasto”, sino que se reservó para la siguiente etapa del ciclo electoral. Se ignoró que el ciclo electoral es uno solo; que se trata de una sola y gran elección, una sola y gran campaña, bien que con etapas sensiblemente diferenciadas, que obligan a tomar decisiones en la medida que van aconteciendo nuevos hechos políticos. El más importante de las internas fue el triunfo de LP sobre Jorge Larrañaga (JL), que significó un cambio de escenario para el PC y también para el FA. LP gana con una excelente campaña publicitaria, que entusiasmó a muchos jóvenes; se quedó con la bandera de la renovación y generó una corriente de opinión que se nutrió también de votantes colorados con el perfil del votante que acompaño a PB en el 2009, que vieron en LP una figura emergente capaz de desafiar con éxito a Tabaré Vázquez (TV).

3.3. Finalmente, el resultado en la interna colorada fue el previsto: se impuso PB con (aproximadamente) el 75% de los votos frente al 25% de José Amorín (JA). Sin embargo, el sector de JA no interpretó el referido resultado como un fracaso excluyente, sino que alentó la expectativa de ser convocado a integrar la fórmula presidencial.

3.4. La definición de la fórmula fue un problema que tampoco supimos resolver de manera satisfactoria. El Partido se dio el lujo de permanecer 40 días con la cuestión pendiente, entre “consultas”, especulaciones periodísticas y rumores que desgastaron a los involucrados y dieron la imagen de un Partido verticalista, donde se impone la mayoría sin consideraciones para las otras vertientes. Cuando la decisión llegó, fue acatada, pero no generó consenso ni adhesión. Nadie discutió la persona de Germán Coutinho, pero lo cierto es que hasta el final de la campaña, el tema de la fórmula apareció una y otra vez. El episodio demostró, lamentablemente, que el viejo “partido de gobierno” perdió el oficio político del que tradicionalmente hizo gala, para resolver de manera rápida y discreta las diferencias internas.

3.5. En contraste, los blancos supieron completar su fórmula con el derrotado en la elección interna, JL, lo que los fortaleció frente a la opinión pública, demostrando capacidad de acuerdo y evitando fuga de electorado.

Así iniciamos la campaña nacional hacia octubre.

 

  1. LAS ELECCIONES NACIONALES
    • Para las elecciones de octubre, el foco exclusivo y excluyente de la campaña presidencial de PB fue presentar al candidato como el mejor de todos (“el más preparado”), y a su programa de gobierno como el más sólido y riguroso. Pese a ello, fue una campaña casi monotemática, en cuanto la única propuesta que quedó claramente asociada con el PC fue la de la baja de la edad de imputabilidad. Este acotamiento reforzó la idea de un Partido ajeno a sus raíces liberales y progresistas e impidió comunicar un proyecto o modelo de país alternativo al del gobierno. Faltó expresar una visión general del país y su futuro, convincente y atractiva; faltó el discurso político que amalgamara las propuestas del programa de gobierno.
    • Por otro lado, se evitó toda referencia al coloradismo y al Batllismo, bajo el supuesto que constituyen una “marca devaluada”. Sin embargo, debió tenerse presente que esa misma “marca” estaba más devaluada en el 2009, cuando estábamos más próximos a la crisis del 2002, pese a lo cual en esa elección se apeló fuertemente al Partido (“colorada es la historia y el futuro también”, “colorados vuelvan a casa”, “levantá tú bandera”, los spot con el “coloradito”, etc), con alentadores resultados.
    • En 2014, la ausencia de referencias a nuestro colectivo y la falta de un discurso político atractivo, hicieron que la campaña fuese vista y vivida con distancia y frialdad por buena parte de nuestros correligionarios. El evitar nuestra propia historia y hasta nuestro himno (que, valga como anécdota, no se emitió siquiera en la proclamación de la candidatura de PB en el Palacio Peñarol), contribuyó a la atonía emocional del casco duro del Partido. Pareció que se quisiera ocultar nuestra identidad, ,en vez de exhibirla con orgullo como en el 2009. Ratificando la estrategia de campaña, fuera de la fórmula, no se incluyeron otras figuras políticas ni eventuales cuadros de gobierno (salvo alguna mención ocasional), lo que reforzó la ajenidad de una campaña que no logró despertar la adhesión de propios ni de ajenos.
    • Este enfoque de campaña no sufrió ninguna variante significativa, ni siquiera cuando se hizo evidente que no había chances de pasar a la segunda vuelta. El divorcio entre la campaña y la realidad terminó de mellar la motivación que quedaba en los cuadros dirigentes y la credibilidad que quedaba en la opinión pública. Hasta el final se insistió con que no estábamos ante una elección parlamentaria, que las encuestas estaban equivocadas y que subestimaban el potencial de la fórmula colorada, como lo habían hecho en 2009. Pero con la realidad no se discute; si a uno no le gusta puede tratar de cambiarla, pero no discutir con ella. Naturalmente la realidad se impuso, y el bloque oficialista logró, aunque con ventaja mínima, la mayoría parlamentaria por tercera vez consecutiva.
    • Pasadas las elecciones de noviembre, después de tres períodos consecutivos en que el FA se impone al candidato blanco de ocasión, puede afirmarse que en lo nacional estamos ante una coalición predominante, con el apoyo comprometido del movimiento sindical y de otros colectivos sociales, culturales y académicos. Nadie podría argüir que esto es coyuntural o acotado al área metropolitana. La estructura política del Uruguay cambió, y la gran pregunta que debemos hacernos es qué lugar quiere y puede ocupar en ella el Partido Colorado.

 

  1. LAS ELECCIONES DEPARTAMENTALES
    • Desde 1999 se viene consolidando un sistema de partidos que se compone de tres agrupamientos mayores pero dos bloques: el FA por un lado, el PC y el PN por otro. Esta visión resulta confirmada por los resultados y tiene una respuesta adecuada a nivel nacional, donde el balotaje permite que el bloque PC-PN articule y vote al candidato correspondiente sin tener que conformar un lema común.
    • A nivel departamental, en cambio, la normativa no ofrece esa oportunidad. De ello, y en sintonía con el electorado capitalino que demandaba a la dirigencia de los partidos fundacionales una solución posible para hacer viable un cambio en Montevideo tras 20 años de gobiernos del FA, se impulsó el acuerdo que a la postre concluyó en el registro del PdlC, bajo el cual habrían de acumular sus votos un candidato colorado y un candidato blanco.
    • En el resto de los departamentos el PN no admitió este esquema, apostando a lo que algunos llaman la “concertación de hecho”, valiéndose de acuerdos con dirigentes colorados dispuestos a negociar por fuera de la orgánica partidaria y en contra del pronunciamiento de los órganos partidarios. Tal posición del PN es consistente con sus fortalezas en el Interior donde, salvo en Rivera y Salto, son arraigada opción de gobierno, superando en las elecciones departamentales sus guarismos de las nacionales.
    • Para el PC, en cambio, dada la asimetría de fuerzas, la “concertación de hecho” arriesga la propia sobrevivencia, y la consolidación de un nuevo bipartidismo representado por el FA a la izquierda y el PN a la derecha (como pronosticó Cesar Aguiar en 2004), donde se asimilarían los colorados según las preferencias de cada cual. Por el contrario, los acuerdos formales como el alcanzado en Montevideo, permiten ofrecer a la ciudadanía una alternativa real de cambiar el gobierno departamental sin renunciar a la identidad de los partidos que lo suscriben.
    • El Partido de la Concertación, pues, nace como una buena idea, a la postre mal ejecutada. Los errores que cometimos ambas colectividades políticas, fueron de tal magnitud, que atentaron contra la viabilidad del nuevo instrumento. Pese a ello, el resultado electoral (similar a la suma de votos de blancos y colorados en la elección de mayo de 2010) reafirmó la pertinencia del mecanismo.
    • Como señalamos antes, en el PC el proceso de creación de la Concertación estuvo precedido por un extenso debate que se zanjó mediante el voto de la Convención. Superada esa instancia, estábamos en las mejores condiciones para salir a hacer campaña a favor de la nueva herramienta. Había necesidad de explicar y convencer, adentro y afuera del Partido. Sin embargo, salvo contadas excepciones, la mayoría de los dirigentes montevideanos se desentendieron de la tarea, concentrándose en otros temas y acciones electorales, olvidando una vez más que el ciclo electoral es uno solo. En la estrategia del Partido nunca estuvo presente la Concertación ni el candidato colorado a la Intendencia.
    • La designación de Ney Castillo (NC) por los dos sectores partidarios, fue para ellos como sacarse un peso de encima, como si el problema pasara a ser de NC, como si hubieran tercerizado la elección en Montevideo. Durante la campaña nacional el tema departamental fue visualizado como una distracción, se ignoró y evitó que tuviese un espacio en la agenda electoral. NC contribuyó a este estado de cosas; al ser designado como candidato de cúpula, no sintió la necesidad ni buscó apoyo en los dirigentes y cuadros medios, apostando a una campaña era de 30 días con alta visibilidad mediática sin mayor esfuerzo previo.
    • Finalmente, ya de cara a mayo, todo estaba por hacerse. A los compromisos personales débiles y los recursos materiales escasos, se agregó la candidatura independiente de Edgardo Novick (EN), que contó con el apoyo explícito o tácito de importantes dirigentes y con su proclamada (y confirmada) disponibilidad para financiar una campaña mediática competitiva. En la emergencia, NC optó por bajarse de la candidatura colorada lo que, sumado a quienes incumplieron las decisiones orgánicas, dejó al Partido en estado de indefensión.
    • Los resultados de las elecciones departamentales son la manifestación más dramática de la situación colorada. En el Interior, la “concertación de hecho” dio lugar a todo tipo de acuerdos, unos visibles y otros subrepticios, deshilachando el entramado partidario. En Montevideo, la “concertación de derecho”, consagrada tras un proceso formalmente inapelable, quedó sustancialmente librada al azar de las circunstancias, cosechando para el PC un resultado próximo a cero. En uno y otro caso, las consecuencias para el Partido están lejos de agotarse, en cuanto hubo conductas dirigenciales que desencadenaron procesos con potencial cismático (que, debe decirse, tampoco están siendo administrados internamente, y también parecen librados al azar, patética evidencia de la falta de conducción que padecemos).

 

  1. LA DESCONFIGURACIÓN IDEOLÓGICA
    • Una explicación recurrente de las derrotas coloradas del pasado ciclo electoral, es la deriva ideológica del Partido, el abandono de las causas populares que tradicionalmente encarnó el Batllismo y de las que hoy se habría adueñado el Frente Amplio. Sin pretender agotar la cuestión, dedicaremos los últimos párrafos de este análisis a ensayar algunas hipótesis que esperamos sean útiles para el intercambio de ideas.
    • En los 90, las elites blancas y coloradas asumieron que la República ya no podía solventar las políticas del denominado “Estado de bienestar”, que tuvo su máxima expresión en las décadas de 1940 y 1950. El agotamiento de ese modelo habría sido ya unas de las causas que llevaron a la derrota del PC en las elecciones de 1958; de ellas derivaron las tensiones políticas y sociales de los años sesenta y la acción tupamara, antesala de los doce años de dictadura militar.
    • Con el restablecimiento de la democracia y en la búsqueda de un modelo alternativo, se impulsaron reformas de diversa intensidad, calidad y eficacia. El FA se opuso frontalmente a todas ellas. Empleó un discurso intransigentemente opositor funcional a sus intereses, procurando y logrando establecer un parte-aguas con los otros dos partidos mayoritarios.
    • El FA, junto a sus colectivos aliados, atribuyó a los partidos fundacionales la responsabilidad de todos los males de la República, demonizó muy especialmente al PC como secular partido de gobierno, y se auto asignó el monopolio de la defensa de la clase trabajadora, los más débiles y las minorías postergadas. Las formas del discurso fueron cambiando, pero su esencia (la contradicción FA vs. “la derecha”) fue constante.
    • El “Nuevo Partido Colorado” no pudo romper esa lógica (ese “relato”) impuesta por la coalición de poder ahora mayoritaria. No logramos procesar una necesaria reformulación ideológica de manera orgánica, sistemática y convincente. Mucho menos logramos comunicarle a la ciudadanía la visión de un Uruguay moderno, adaptado a las exigencias de la economía global, capaz de crecer y prosperar con equidad y respeto a la ley, a través de la inserción inteligente en los mercados mundiales. Algunas propuestas puntuales especialmente acertadas, no se pudieron presentar como parte de un discurso político global convincente y atractivo. Menos pudimos transmitir a la ciudadanía que la sensibilidad social del Batllismo sigue viva en nuestro Partido. Evitamos la discusión ideológica, dimos señales contrarias a la “agenda de derechos” que impulsaron los gobiernos del FA, nos opusimos a iniciativas de carácter liberal, y concluimos con un programa de gobierno donde la palabra que más destaca es “desarrollo” en vez de “justicia” o “equidad”. La inclinación en las ideas, el discurso y las actitudes, pudo hacer pensar a algunos que el concepto de progreso afincaba en los equilibrios macroeconómicos  más que en el bienestar de las personas. Al cabo, no convocamos el apoyo de la ciudadanía en general, ni fuimos capaces de renovar y hacer vibrar la vieja fibra colorada y batllista.
    • Hoy, con todo un período de gobierno por delante, es preciso redoblar el esfuerzo sin subestimar ni por un instante la extraordinaria gravedad de la hora.. Cualesquiera sean las dificultades que debamos enfrentar, hagamos nuestra una vez más la consigna de Batlle: “siempre hay un camino bueno, para los hombres de buena y fuerte voluntad”.
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