3 abril, 2020

Yo también fui a Cuba

Por Miguel Manzi

PALABRAS CLAVE: revolución; invencible; eterna; propaganda; jaula del tigre (hedor a orines); deterioro; ruina; prostitución; porro; mendigos; más prostitución; tugurios; corrupción; mugre; dictadura.

Desoyendo los consejos de la tía Renee (de nonagenaria sabiduría), me jugué con un viaje familiar de una semanita a Cuba, con explícito doble propósito, turístico y antropológico: mitad en La Habana y mitad en un resort caribeño. La Habana Vieja deslumbrante, detrás del inenarrable deterioro de sus palacetes prerrevolucionarios, transformados en conventillos ruinosos y hediondos, de paredes y aberturas remendadas con cartones, a vista y paciencia de todos, en abrumadora cantidad. (El Museo de la Revolución también está en ruinas, imagen y semejanza del régimen: pasé al baño -un único water- después de otro turista que al salir se quejó a la funcionaria que lo custodiaba porque no había agua; cuando salí yo, la mujer fue hasta un patio, llenó un balde con una manguera sumergida en un tanque oxidado, y rezongando por lo bajo lo volcó en el water). Los autos americanos del 50 para pasear a los turistas; los Lada rusos del 80 hechos paté; algunos autos contemporáneos, la mayoría de ellos del gobierno (identificados por una franja vertical azul a la izquierda de la chapa); pero en todo caso pocos autos, pocas motos, buses hacinados y un montón de bicitaxis (como los «rickshaw» de la India pero a pedal). Hablé con, digamos, 5 personas por día, por 6 días netos, son 30 personas. Naturalmente que a todos les preguntaba por la situación: solo 3 defendieron al régimen (un taxista, un mozo -hincha de Mujica, casi terminamos mal- y el que me llevó a pasear en catamarán). Y eso que son todos funcionarios públicos, todos: los taxistas, los mozos, ¡y hasta los músicos callejeros! (todos del Buena Vista Social Club…): cobran su sueldo mensual «en el ministerio» y les asignan el lugar donde trabajan. Algunas perlitas del decir popular: «Batista nos mataba de un tiro; los Castro nos matan de a poco»; «Lo que nos paga el gobierno no alcanza para vivir, así que hay que arreglarse de algún modo» (sigue: elenco de ilícitos e inmoralidades); «Hable más bajo por favor, que si no me marcan» (ilustrado mojándose dos dedos con la lengua y tocándose el hombro); «La casa de mi familia en el campo sigue teniendo piso de tierra». Igual, todos los días compramos «Granma» y «Trabajadores», dos tabloides de 3 pliegos que, realismo mágico dirán, publican LOS MISMOS artículos. ¿Prostitución?, de la edad y sexo que prefiera. ¿Lujo? ¿Elegancia? ¿Sofisticación? ¿Glamour? ¡¡SÍ, TAMBIÉN!! Aunque solo para los extranjeros: «Haber hay, pero no nos toca…». Lleno, llenito de turistas (europeos, sudamericanos y muchos canadienses para quienes, según me dijeron, Cuba es su destino preferido en el Caribe, porque van pocos gringos; vimos muy pocos asiáticos).

VUELVE AL PUNTO DE PARTIDA

Los lugareños con quienes hablé tienen claro el periplo del régimen: hasta el 90 vivieron de los rusos; después vinieron los españoles con los hoteles y Chávez con todo lo demás; y ahora están esperando que vuelvan los gringos, al cabo de lo cual se cerrará el círculo: como en los juegos de mesa, «Pierde 60 años, vuelve al punto de partida». En efecto, más temprano que tarde se acabará la farsa del bloqueo y se completará el cartón con la única pieza que falta, los casinos. Esa es la sensación final: Cuba es la misma que cuando Michael Corleone fue a negociar con Hyman Roth, 60 años después, sin mantenimiento y sin casinos. Desde luego que yo no esperaba ver el paraíso, pero definitivamente tampoco este purgatorio. ¿Valió la pena? ¿Valió los miles de muertos y los miles de presos? ¿Camilo Cienfuegos? ¿Huber Mattos? ¿Los balseros que se tiran a los tiburones? ¿El Che en Bolivia? ¿Los tupas en Uruguay? Estoy hojeando un ejemplar de la revista «Obra revolucionaria», número 19, del 11 de agosto de 1960, donde Fidel dice «El que condene esta Revolución traiciona a Cristo». Eso es: un burdo sainete tropical, que será olvidado en un par de generaciones y cubierto por la arena del tiempo, como tantas infamias. También lo será el sufrimiento de los cubanos que lo padecieron, y la miserable recompensa material que recibieron a cambio (espiritual nada: las librerías son para suicidarse, la música popular es prerrevolucionaria, todas las libertades todas fueron desterradas, y a dioS lo mandaron al Gulag). Lo que sí me incomoda es el elenco de lamebotas uruguayos encabezado por Mujica y Sendic, que peregrinan regularmente a La Habana y mienten.

 

Columna publicada en Montevideo Portal.

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