3 abril, 2020

Colorado y Batllista

Por Jorge E. Leiranes

Haber comenzado por escudriñar en el ser colorado y el ser batllista -expuesto al riesgo de inducir a confusión, a sabiendas de que el ser, es reconocido cómo el más general de los conceptos- me constriñó en mi propósito primero, de intentar abarcar el ámbito de lo real en el sentido ontológico general.

El objeto entonces, de estas columnas, se limitó -desde una óptica propia, que no se propone ser de ante mano, funcional- a analizar los caracteres comunes de una entidad identificable: el Partido Colorado Batllismo, al que honrosamente pertenecemos. Y considerar su autenticidad y su razón de ser, al tiempo de postular aquellos aspectos, que lo hacen único y determinable, poseedor de una singular realidad.

En su esplendor como en su declive

El Partido Colorado ha sido y es por antonomasia el partido político del país, al tiempo que paradigma, del resto de los partidos uruguayos. Es cierto que comparte igual longevidad con el otro partido histórico, pero no lo es menos, que su especial andar desbroza el trayecto, traza y señaliza un rumbo, que los demás, luego recorren -y eso ha sido así, a lo largo de toda la vida política del país.

En su esplendor como en su declive, es el Partido Colorado referencia obligada, por su historia, por la vitalidad de su praxis y la preciada calidad de su ideología.

La visión agorera, siempre afecta a confundir los reflejos episódicos con los rasgos inmutables de lo definitivo, desprecia de plano estos valores, en períodos de decadencia como el actual. La estrecha memoria de estos augures, le impide acertar con sus predicciones y éstas pronto se disipan, refutadas por la fuerza incontrastable de la realidad.

Es que, este ente inmutable que es el Partido Colorado, que se dobla pero no alcanza a quebrarse, aprendió a soportar los azotes de los vendavales más bravíos.

Las dos partes de un todo

Su perennidad estriba en la composición misma de su fórmula. Constituida por dos elementos básicos, que se reconocen asimismo como las dos partes de un todo.

Ambas tendencias, con el paso del tiempo, van mudando su designación. Al clásico esquema batllista – riverista, le sucedió el batllista – vierista (de todos el más convulso), luego el batllista – sosista, y más tarde otro, y otros, de igual o parecido origen. Y así sucesivamente en una pertinaz continuidad, indefectiblemente referidos a la esencia batllista.

Puede decirse simplificando -sin mengua del reconocimiento de esa esencialidad derivada de Batlle, que nadie deja de acoger como legado- que la proposición disyuntiva siempre oscila entre dos habituales variables: Reforma y Alto, Impulso y Freno y si se quiere más radical, Progresista y Conservador.

Se trata de dos tendencias o vertientes. Dos énfasis del Ser Colorado. Piezas constitutivas ambas de un todo, que avenidas, expresan el Ser armónico, y la peculiar centralidad que caracterizan al Partido Colorado Batllismo.

Cuando en breves espacios de tiempo, esa amalgama connatural se altera en forma dramática, toda la trama se debilita, resquebraja y parece estallar, poniendo en riesgo su propia existencia.

Por momentos diríase que se repelen. De hecho es así, aunque ambas posiciones lo quieran ocultar y no lo admitan. Es entonces que el Partido se vuelve desconocido, inhábil, pierde su apreciada eficacia y hasta llega a ser ignominioso.

Por el contrario, cuando el tramado aparece cohesionado: ¡ha primado la esencia batllista! Emerge robusto el ideario –y ya victorioso- presto a ser postulado. Luciendo en su esplendor, la centralidad ideológica, con acentuado énfasis en favor de los más débiles, que ha sido señal indeleble de su identidad.

Tal la fórmula que viene de Batlle -de sus acendradas convicciones republicanas- de las que da cuenta la profusa compilación de sus ideas.

En Batlle está la respuesta

Hoy 18 de julio, en el Día de la Jura de la Constitución. Al conmemorar 186 años de la gesta. El Partido Colorado Batllismo permanece sumergido en un tiempo de declinación, luego de continuos reveses sufridos en su más reciente historia.

No obsta, para que palpite incesante en el pueblo, el espíritu inquieto del Reformador.

La descripción anterior -a nuestro entender- calza los términos del momento.

Alcanza con buscar en Batlle: allí está la respuesta.

Basta con poner la vista -una o cien veces, de ser necesario- para entender. De modo que ningún ciego, de esos que no quieren ver, diga que no lo vio.

No había sufrido (Batlle)desaliento, por el resultado de la elección constituyente del 30 de julio, no podía sufrirlo, quien como él, sabía que sus ideas habíanse abierto amplio cauce en elespíritu del pueblo. En singular aberración política, el pueblo había votado contra si mismo.

Era necesario vencer la terrible inercia espiritual de un pueblo, que a fuerza de ser privado de sus derechos primarios por interminable sucesión de satrapías, casi había perdido la función de pensar.

Para Batlle lo fundamental era que el pueblo pase de la momificación de antes, a la intensa actividad cívica actual, decidiendo influir en los acontecimientos en vez de abandonarse a ellos.(1) 

Nace entonces, la doctrina de las “minorías decisivas”

En la interna colorada había ganado la Reforma, el 30 de julio de 1916. Batlle seguía siendo la enorme mayoría partidaria. La minoría anticolegialista, enterada por el resultado de las urnas -que sin su menguado aporte- Batlle sólo, no iba a poder vencer al histórico adversario, en la siguiente elección, exige la candidatura presidencial colorada (ByO ya había sido proclamado, por aclamación en la Convención del 28 de mayo) amenazando con la abstención.

Batlle, paradigma para el presente

El Partido está en trance de muerte. Batlle sabe que su nombre glorioso eleva terribles resistencias entre los riveristas. Entonces, vuelve a sacrificarse por salvar al Partido Colorado y borra su nombre con un golpe de heroico desinterés. No lo detiene la magnitud del bien que pierde, ni lo tuercen o desvían el ruego de sus amigos, ni las solicitaciones del pueblo que lo aclama y venera. El 11 de agosto renuncia a la candidatura presidencial.(2)

“No es desaliento, ni amargura, ni despecho producido por la derrota (de la Reforma) lo que me impulsa a asumir esta actitud. Es la tranquila y altruista apreciación de las circunstancias en que hemos llegado a encontrarnos, sorprendidos en el avance de una sucesión de victorias que preparaban una era de felicidad nacional y hacían resonar con gloria el nombre de nuestro país”.(3)

Pero Batlle no se detiene allí. Para salvar al Partido irá más lejos todavía.Considerando posible que mi presencia en este Comité (Ejecutivo Nacional) sea un obstáculo para el más fiel y eficaz desarrollo de su acción, en estos momentos difíciles para nuestra colectividad política, por no hallarme en todo de acuerdo con sus ideas y por las resistencias que debido a mi larga actuación en la vida pública, pueda provocar mi persona entre determinados elementos, presento a usted (al Presidente de Turno del CEN) mi renuncia indeclinable al puesto que ocupo en el”.(4)

Batlle (entonces), cuya aspiración es ahora -como siempre- salvar al Partido, busca acercar esas dos fuerzas. Surge el proyecto de unificación colorada, donde se advierte el consorcio íntimo de los dos elementos: el intelectual, representado por una admirable manera de encarar el problema; y de darle solución, sin menoscabo alguno de las tendencias: el sentimental, representado por un anhelo, evidente, palpable casi, de salvar así a la Colectividad.(5)

 

 

(1)Batlle y el Batllismo, Giudice y González Conzi (1928).

(2) Idem.

(3)José Batlle y Ordóñez, a la Convención (11 de agosto de 1916).

(4)Batlle y el Batllismo, Giudice y González Conzi (1928).

(5) Idem.

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