21 agosto, 2018

Otro relato falso

Por Jorge E. Leiranes

Como si fuese una consigna que bajó desde las alturas; que tiene de ociosa, estar dirigida a convencer a los convencidos.

O mejor, como si fuese un estribillo que todos asienten por lo bajo y luego de algunas estrofas no muy afinadas, juntos corean como un rezo, el nunca más una investigadora.

Incluso por si alguno no creyera del caso acatar, para eso está Javier Miranda, el flamante presidente de la fuerza política, que recorre uno por uno los escaños pidiendo unidad.

La investigadora votada para el caso Ancap, ha sido tomada como un tropezón que quisieran nunca más volver a sufrir, por aquello de, él que se quema con leche…

Difícil para sagitario, en lo que refiere a la sanción del ministro de interior. Por lo menos, lejos de alcanzar las instancias esgrimidas sin fundamento, por algún senador de la oposición.

Otra es la situación que se observa en Diputados, en cuanto a la opacidad de los negocios con Venezuela.

En esta cámara, al menos, comienza a ser dudosa la consistencia de la mayoría. Aun siendo difícil que prospere la aprobación de una investigadora -se percibe la probable defección de alguno de los monaguillos de la fuerza política- no debería descartarse de plano, el avance de las investigaciones sobre el caso.

Luego del ciclo virtuoso de la ganadería uruguaya

Sin embargo, y sin perder de vista estos episodios que se suscitan en los ámbitos legislativos, queremos esta vez dirigir la mirada a un ángulo, en donde también se empeña el oficialismo, en mostrarnos una realidad ficticia, que generalmente escapa a quienes nos ocupamos más, en observar el acontecer político.

Aún si admitiéramos que fue Hernandarias -y no las misiones jesuíticas de Santa Teresa, San Miguel y Jesús María, del actual estado de Rio Grande do Sul, (como afirma Aníbal Barrios Pintos en sus trabajos)- el que introdujo la ganadería en la Banda Oriental, debemos remontarnos a la segunda década del siglo XVII, con lo cual -de entrada nomás- no queda espacio para dudar de la importancia, que en todos los aspectos, ha tenido y tiene, esta actividad, en la vida de los habitantes de este nuestro suelo natal.

El histórico estancamiento de este sector, por más de sesenta años durante el siglo pasado, se vio repentinamente alterado a la vuelta de la democracia, desde el primer gobierno del Presidente Julio María Sanguinetti, por el impacto de un milagroso proceso de dinamización.

Las gráficas que surgen a partir de los propios datos oficiales permiten apreciar el rápido crecimiento del stock vacuno desde 1985, brevemente interrumpido, a consecuencia de la desastrosa sequía de 1988-1989, prosiguió de manera sostenida, durante los tres gobiernos subsiguientes de los Partidos Fundadores.

Pocas veces se reconoce este ciclo virtuoso, que duró algo más de veinte años y colocó a Uruguay en el segundo lugar en el mundo, en cuanto al crecimiento de su producción ganadera; quedando sólo detrás de Brasil que durante esos años amplió su área ganadera de manera muy elocuente, mientras Uruguay mostró ese desempeño, exclusivamente basado en la productividad.

No hubo en el mundo quien igualara esa gestión, asegura el renombrado experto, ingeniero Juan Ignacio Peyrou en sus escritos.

Suele el gobierno, a través de sus funcionarios, fanfarronear con esta dinamización del sector ganadero, intentando dar a entender que aún continúa, pero no cuesta, al interpretar sus propios datos apreciar la falacia, con la que se pretende esconder la amarga situación por la que atraviesa, desde hace una década, la ganadería uruguaya.

La gráfica elaborada en base a los datos de INAC, referida a la existencia de vacunos, parte de un stock de poco más de 8.5 millones de cabezas (1985) y en una línea de constante crecimiento, alcanza los 12 millones, durante el último año de gobierno del, recientemente desaparecido, Presidente Jorge Batlle.

En los doce años que sucedieron a aquel hito, el sector registra un estancamiento sostenido de 11,5 millones de cabezas lo que representa un evidente cambio de tendencia, de reversión, que, recuerda la decadencia de más de seis décadas de siglo pasado.

Magistralmente reconducida al estancamiento

En los últimos días se han conocido las cifras preliminares de la Declaración Jurada de Existencias de la Dicose, y estas no hacen más que confirmar la parálisis del sector, incluso se aprecia un incipiente retroceso que llevó al ingeniero Peyrou a escribir en su columna: Nuestra ganadería ha sido magistralmente reconducida al estancamiento y en algún aspecto al retroceso.

Lógicamente, son muchos los indicadores que abonan estas afirmaciones. Otro muy revelador se refiere al total de vacas entoradas que de 3 millones a mediados de los ochenta pasó a 4.2 millones en 2002, manteniéndose planchado, desde entonces; ratificando la paralización que esconden los voceros del gobierno.

La reducción de la edad al primer servicio, como las existencias de novillos mayores de tres años, y las vaquillonas mayores de dos años sin entorar -son, entre otros- tres indicios, que por su complejidad no vienen al caso, pero que describen iguales y hasta peores curvas.

Si no fuera suficiente lo dicho para describir la situación -tras un largo invierno que afectó el estado corporal del ganado por el frío y la menor disponibilidad de pasturas; la incertidumbre en los precios dada la complejidad del mercado internacional de la carne; y el creciente endeudamiento de los productores ganaderos (en menos de dos años aumentó U$S 18 millones)- se suma la dramática posición de los pequeños y medianos productores lecheros (endeudados en U$S 85 millones) aún sin cobrar sus remesas a Venezuela, al tiempo que se conocen datos del MGAP, que registran, en los últimos diez años (dada la concentración del sector) una significativa caída de la cantidad de tambos, de 3312 a 2879.

No es el estado decadente de la educación, que tanto disgusto ocasiona en la sociedad uruguaya; tampoco la creciente alarma pública por la ausencia de seguridad ciudadana; pero ésta tendencia regresiva de la primera actividad productiva del país -aún desapercibida por el común de la gente, incluso por alguna prensa especializada- sistemáticamente encubierta por el oficialismo a partir de un relato falso, habrá de significar una declinación irreparable para la economía del país, de no ser corregida en el corto plazo.

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