22 octubre, 2018

Se acabaron los otarios

Por Jorge E. Leiranes

                                 Se acabaron los otarios que en otros tiempos había,

los muchachos de hoy en día no son giles, al contrario.

Se acabaron los otarios, que los salgan a buscar con linterna y con candiles que,

aunque tengan quince abriles, no los podrán encontrar.

Con que al campo a cachar giles, con sus gracias juveniles que aquí no van a cachar.

 

Decía en sus memorias, el querido maragato Francisco Canaro, que el mayor letrista de GardelJuan Andrés Carusocon sus letras, se adelantó a la época.

¡Y es cierto! ¡Si será cierto! Si hubiera sido hoy, y no hace 89 años, que acabara de escribir la letra de, Se acabaron los otarios

Si no fuera un símbolo de la canción pintoresquista, con el que alcanzó el primer apogeo del tango cantado, que retrata el espíritu mordaz del hombre rioplatense, dibujando los aspectos más finos de su especial personalidad…

Si fueran sí, las conclusiones definitivas de un grupo de expertos, sobre el momento tan particular que vive hoy la coalición gubernista de Uruguay, no cabría quitarle ni añadirle, ni un punto ni una coma, aunque otra fuese la jerga o el dialecto.

Eran otros los muchachos de antes, dispuestos a dejarse seducir. Convencidos de que un compañero, era más que un hermano mismo. Que unidos y organizados -ellos- el conjunto de la clase trabajadora, iban a terminar con la pobreza; porque -ellos- y no los –partidos tradicionales, lacayos del imperialismo- representaban la moral republicana.

Los muchachos de hoy, ni los de quince abriles, ni los del campo se dejan cachar más como giles.

Desconsolados lamentos

Los episodios vandálicos, del clásico (que no fue) y la largamente anunciada muerte del tiranosaurio de Cuba (que esta vez, sí fue), acapararon la atención de todos los medios, sin embargo la deserción en bandada de desconsolados frenteamplistas, en los últimos días, no pasaron desapercibidas casi para nadie.

Resonaron en los oídos, de quien los quiso escuchar, los lamentos de estos desencantados; y fueron tema de atención de varios analistas en la última semana.

Uno, entre otros, me resultó sin ningún desperdicio:

Ahora nos tocó a nosotros mentir, gestionar mal, aplicar el amiguismo, ganarnos comisiones por intermediar en negocios con el extranjero, ocultar y proteger a los mentirosos, poner yesos para trancar investigaciones “innecesarias”, evitar el debate, permanecer en el gobierno para mantener nuestros funcionarios bien rentados…

Pero, ¡hasta acá llegó mi amor! -espetó a sus ex compañeros- Les toca a ustedes ahora: ejercer ese nivel de inmoralidad, de falta de observancia de la separación de poderes; avasallar el ejercicio democrático que se basa en el respeto de las mayorías y también de las minorías. Sigan revalidando la permanencia, que todavía tienen un ejército de ciegos que les responden. La unidad a cualquier precio no es un principio, sino una maniobra oportunista para permanecer y flotar.(1)

Claro que son compartibles todas y cada una de estas palabras, pero obsérvese que las pronuncia un importante asesor del actual presidente del FA. No son las reflexiones dolidas de un ciudadano de a pie, que no tuvo hasta hoy, la ocasión de saber de que se trata; qué deslumbrado, en medio de la euforia –y a paso triunfal– no advirtió la engañifa, a la que se prestaba empeñando su voto.

No son de recibo pues, los pretextos a esta altura. ¿No hubo tiempo suficiente en los últimos doce años, para descubrir antes la trama que habían maquinado, o fue la soberbia que hizo borrosa la realidad? ¿O será que antes de que se termine de hundir el barco urge abandonarlo?

Seguro, mientras duró la gran bonanza, era más fácil hacer la vista gorda.

Beber de su propio veneno

Hoy se rasgan las vestiduras. Denuncian la existencia de barrabravas y patotas gansteriles que, dicen, dominan la interna de la coalición; ¿y uno se pregunta, cuál es la novedad? Están siendo tratados, por disentir, con el mismo desprecio y despotismo, con que siempre trataron a los votantes de los otros partidos. Sólo hay una diferencia: ahora les toca a ellos beber de su propio veneno.

Muchos de estos operadores políticos, que por más de una década disfrutaron de las mieles del poder, se han anticipado a responder que su opción electoral para 2019, por más coincidencias que tengan, de ninguna manera habrá de ser de apoyo a los Partidos Fundadores.

Queda por ver, si en el caudal de votantes indignados, que no son pocos -que no están dispuestos a seguir dejando que se les manipule, con el fantasioso montaje del progresismo– prima el fanatismo cazurro, de no dar el brazo a torcer, o la sensatez y la ponderación para rescatar nuestro estilo de vida. Para continuar reafirmando nuestra idiosincrasia con legítimo orgullo. Para que el Uruguay vuelve a ofrecer una vez más, a la consideración internacional, la evidencia de su salud democrática.  

 

(1)Hasta acá llegó mi amor. Columna de Juan W. Legaspi, publicada en UY.PRESS

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