13 junio, 2024

La esquizofrenia frenteamplista

Por Miguel Manzi

«A mí me gustaría vivir en una sociedad socialista. Pero los dueños de las empresas miran su rentabilidad y si no le dan los números, no hay dios que los convenza (…) Así de cruel es el capital». Presidente del PIT Fernando Pereira, aquí.

Está bravo seguirle el hilo al Frente Amplio. Da toda la impresión de que la famosa “colcha de retazos” (una envidiable máquina de poder) se está deshilachando, tironeada por contradicciones que no admiten síntesis superior. Sin ensayar el recuento histórico (que sería interminable), repasemos algunos dichos notorios de los últimos días: Vázquez proclamando que en Venezuela hay democracia y Almagro (canciller del F.A.) desde Washington hostigando a Maduro; Sendic aplaudiendo el déficit y Astori reclamando conducta fiscal; Álvaro García afirmando que UPM está en el país gracias a este gobierno y las redes recordando que el Frente se opuso en bloque al tratado marco con Finlandia; Constanza Moreira denunciando “traición” y “delación” interna, y párrafo seguido dictándole los titulares a los medios (realmente, para el espanto). Los síntomas están claros. El diagnóstico, revisando en Google, parecería ser esquizofrenia: “Nombre genérico de un grupo de enfermedades mentales que se caracterizan por alteraciones de la personalidad, alucinaciones y pérdida del contacto con la realidad”. No es que me aflija por el Frente sino que, siendo la fuerza política mayoritaria, me preocupa por el país. El tratamiento (para ambos), me parece inequívoco: el Frente necesita volver al llano y retomar contacto con la realidad.

ADN conflictivo

Para ser francos, las contradicciones que vengo de señalar son apenas anecdóticas. La fuente de todos los males que aquejan al F.A. (y con él al país) es mucho más caudalosa, está en su propia naturaleza, y es la misma que hizo posible su éxito: la convivencia, forzada por la persecución del poder, entre marxistas y republicanos, totalitarios y demócratas, autoritarios y liberales, ambos en diversos matices. Las diferencias tácticas, en este escenario, son lo de menos. Lo de más es el “gobierno en disputa” que proclamó el secretario del Partido Comunista Eduardo Lorier, que por fuerza de los números deviene en “país en disputa”. La macana es que mientras el F.A., y con él el país, sigue distraído en estas pocas, la felicidad de los pueblos discurre por otros andariveles.

Creer o reventar

Acaba de publicarse la Edición 2017 del Informe de Libertad Económica de la Fundación Heritage. Cito adelantos que procesó el Centro de Estudios para el Desarrollo (CED) que representa a la Heritage en Uruguay: el Informe encontró, igual que en las últimas dos décadas, “que mayores puntajes en el índice de libertad económica se correlacionan positivamente con indicadores de desarrollo, calidad de vida, democracia y medio ambiente, entre otros”. Aún “luego de la crisis global de 2008 la libertad económica continuó expandiéndose en el mundo, (en correspondencia con) un crecimiento de la economía mundial y una disminución importante de la pobreza, que cae desde niveles superiores al 30% a comienzos de la década de los noventa del siglo pasado, a 10,7% en el año 2013”. El informe completo puede consultarse acá.

De todos los pelos

La Fundación Heritage es orgullosamente conservadora y, por añadidura, filo republicana; pero nadie duda de la calidad e independencia académica de sus informes. Y en todo caso, hay una quincena de índices globales, de todos los pelos, que dicen lo mismo, del derecho y del revés: Índice de Desarrollo Humano del PNUD; Índice de Progreso Social de Porter; Índice de Libertades y Derechos de Freedom House; Índice de Libertad de Prensa de Freedom House; Índice de Vigencia de la Ley de The World Justice Project; Índice de Derechos Civiles de Human Right Watch; Índice de Corrupción de Transparencia Internacional; Índice de Democracia de The Economist; Índice de Libertad Humana del Instituto Cato; Índice de Libertad Económica del Instituto Cato; Índice de Libertad Económica del Instituto Fraser; Índice de Facilidad para los Negocios del Banco Mundial; Índice de Gini del Banco Mundial; Índice de Felicidad de la ONU; siguen firmas. Repito: toditos dicen lo mismo. Y dicen así:

El paraíso perdido

Sobre un universo promedio de 170 países, ocupan consistentemente los primeros 15 lugares los nórdicos, Europa Occidental, Nueva Zelanda, Australia, Japón y EE.UU.; todos más o menos socialdemócratas; definitivamente ninguno socialista. Estos son los países en los que las mayorías populares gozan de mejor vida material y espiritual. En la otra punta, al fondo de la tabla, quedan Venezuela, Rusia, China, Vietnam, Angola. Cuba y Corea del Norte están fuera de concurso, porque no producen información creíble ni mucho menos verificable. Ahora volvamos a la esquizofrenia local: la amplia mayoría de los partidos y dirigentes del Frente Amplio, respaldan inequívoca y enérgicamente a Venezuela, Cuba, China, Rusia, ¡hasta Corea!, y cualquier cosa que reivindique la predicción marxista; y al mismo tiempo Vázquez sale a mendigar inversión extranjera y libre comercio, y Pereira dice que el capitalismo es cruel (la dirigencia del PIT es intercambiable con la del FA). El grado de infantilización ideológica de los unos, combinado con la frigidez política de los otros, mantienen al país en su línea de flotación, solo gracias al capital social e institucional acumulado durante un siglo. La peor noticia es que el estado de la educación (7 de cada 10 uruguayos no terminan secundaria), obliga a vaticinar que en las próximas generaciones (que lidiarán con la robótica y la inteligencia artificial) nos hundiremos en el pantano del subdesarrollo. Salvo, claro está, que reunamos el talento y la voluntad suficientes para impulsar una alternativa política que desplace al Frente Amplio del gobierno, inspire otra visión en las mayorías populares, y reoriente al país hacia donde convergen aquellos que aseguran una vida mejor para más gente.

 

Columna publicada en Montevideo Portal.

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