23 octubre, 2018

Sanabria: la raíz del problema

Por Ope Pasquet

El escándalo del Cambio Nelson ha dado y seguirá dando que hablar. Aunque se trata de un hecho ocurrido en el ámbito comercial, salpica injustamente al Partido Colorado.

Es obvio que el Partido Colorado no tuvo nada que ver con la gestión del Cambio Nelson, como tampoco tiene nada que ver con las múltiples actividades que desarrollan, en su vida privada, cada uno de los integrantes del partido. Pero sucede que el cambista prófugo es Francisco Sanabria, hasta hace pocos días Secretario General del Comité Ejecutivo Departamental del Partido Colorado en Maldonado, y suplente del diputado Germán Cardoso en la Cámara de Diputados. Esta circunstancia, ciertamente insoslayable, es la que aprovechan quienes están muy preocupados porque el caso Ancap se empezó a investigar en la Justicia y quieren desplazar, de cualquier manera, el foco de la atención pública a otros asuntos.

Cualquier persona sensata y de buena fe entiende rápidamente que no se puede responsabilizar a un partido político por lo que haga o deje de hacer, en su actividad particular, alguno de sus miembros. Pero los colorados no podemos quedarnos aquí, en la superficie de las cosas. Tenemos que preguntarnos cómo pudo pasar que Francisco Sanabria haya llegado a ocupar los cargos que ocupaba cuando se dio a la fuga. A sus escasos 35 años de edad, ¿había hecho méritos suficientes para ser Secretario General del Partido en Maldonado y suplente de Cardoso en la diputación? Recuérdese además que es suplente porque Cardoso, cuarto candidato al Senado por Vamos Uruguay, no fue elegido senador; si el Partido Colorado hubiese votado mejor, Cardoso ocuparía una banca en el Senado, Sanabria sería hoy diputado titular y el escándalo y el daño al Partido Colorado serían muchísimo mayores.

No hay que pensar mucho para contestar la pregunta planteada. Si Francisco Sanabria se llamara Francisco Pérez y fuera hijo de un oscuro y modesto colorado de a pie de Maldonado, no hubiera llegado a ocupar las posiciones de responsabilidad política que ocupó. Pero no es Pérez, sino Sanabria, y no es hijo de un oscuro y modesto colorado de a pie sino de alguien que fue senador y poseedor de una gran fortuna. Francisco Sanabria hizo carrera política en pocos años porque tenía el respaldo del padre y, por consiguiente, los medios económicos para ser, según ha informado la prensa en estos días, el principal contribuyente a la campaña electoral de Vamos Uruguay en Maldonado.

Los colorados no somos responsables por los desastres que haya hecho el Cambio Nelson; pero sí lo somos por admitir, siquiera tácitamente, que en nuestro partido hagan carrera los Francisco Sanabria.

Informa la prensa que un grupo de convencionales colorados, encabezado por el senador Pedro Bordaberry, propone modificar la Carta Orgánica para darle más facultades a la Comisión de Ética y Conducta Política y contribuir así a “limpiar el partido”.

La intención es compartible, sin duda, y la Carta Orgánica siempre puede corregirse y mejorarse. Pero no nos engañemos: el problema no está en las facultades que tengan o no tengan los órganos del partido, para actuar después que se produjo el daño. El verdadero desafío está en evitar que el daño se produzca, o en reducir al mínimo humanamente inevitable las probabilidades de que se produzca.

Batlle y Ordóñez organizó un partido popular, democrático y abierto a las personas de todas las clases sociales, sin hacer cuestión siquiera de su nacionalidad (recuérdese, por ejemplo, que Domingo Arena había nacido en Italia). Los apellidos patricios y las grandes fortunas hacían carrera en otros sectores o partidos; el Batllismo premiaba la capacidad y el mérito.

No tengo duda alguna acerca de que la inmensa mayoría de los colorados, de todos los grupos y sectores habidos y por haber, sigue creyendo hoy que aquella concepción democrática y popular de don Pepe es la válida. No es fácil ser consecuente con ella, empero, en tiempos en que cualquier campaña electoral cuesta un dineral. Este es, precisamente, el obstáculo a superar. Es la necesidad de dinero para pagar campañas cada vez más caras, la que les abre las puertas de la política a los chantas de billetera gruesa.

Está a estudio del Senado un proyecto de ley que aspira a regular la financiación de los partidos políticos y el gasto electoral. En esto hay que trabajar, para que en el futuro ningún Cambio Nelson vuelva a salpicar barro sobre el Partido Colorado, ni sobre ningún otro partido político, ni sobre las instituciones de la democracia uruguaya.

 

Columna publicada en Montevideo Portal.

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