21 mayo, 2019

El mejor de los mundos

Durante los años, ya lejanos, en que gobernaba el Partido Colorado, el Frente Amplio nos pasaba la factura por las tendencias de signo negativo que surgían en nuestra sociedad.
¿Los jóvenes se iban del país? Era porque los gobiernos colorados no les ofrecían un porvenir atractivo. Cuando hubiera gobiernos frenteamplistas, sería otra cosa (los veteranos recordarán la propaganda del año 71: «Hermano, no te vayas, ha nacido una esperanza…»).
¿Disminuía el número de nacimientos? Era porque nadie quería traer hijos al mundo con gobiernos como aquéllos…
¿Aumentaban los suicidios? Era culpa de los desalmados gobiernos «neoliberales» que sumían a la gente en la desesperación.
Pasaron los años, el Frente ganó las elecciones y ya vamos en 13 años largos de gobiernos frenteamplistas, con mayoría propia en ambas Cámaras del Parlamento.
Veamos.
Según una encuesta de Latinobarómetro recientemente difundida, un 29% de los uruguayos pensó en emigrar en el último año; ese porcentaje es 2 puntos porcentuales mayor que el registrado en el año 2002, el de la crisis. Por si alguien no se enteró: hace rato que los jóvenes uruguayos se están yendo de nuevo al exterior a probar suerte.
En aquel terrible año 2002 se registraron 51.794 nacimientos. La demógrafa Wanda Cabella decía en reciente entrevista publicada por El País, que se espera cerrar el corriente año 2018 con 40.000 nacimientos solamente. La caída de la natalidad es abrupta: en los últimos 3 años los nacimientos cayeron 15% (unos 7.000 nacimientos menos).
En el 2002 se registraron 690 suicidios; al presidente Jorge Batlle algunos lo llamaban «asesino» por eso. En el 2016 tuvimos 715 suicidios, y en el 2017 apenas un poco menos: 686. El suicidio adolescente (entre 15 y 19 años) pasó de una tasa de 12,37 cada 100.000 habitantes en 2016, a otra de 15,96 en el 2017.
Los mismos que en el pasado criticaban tan duramente a los gobernantes colorados por estos fenómenos que comentamos, ¿critican ahora con la misma dureza al Frente Amplio? No, obviamente. Ahora descubrieron que «lo que sucede es muy complejo y responde a múltiples causas», que «no se puede simplificar», que hay tendencias mundiales a las que nuestra sociedad no puede escapar, etc., etc.
Habrá que recordar los datos antes expuestos, cuando en la campaña electoral del año próximo el bombardeo de la propaganda oficialista nos quiera convencer de que, después de haber dejado atrás la pesadilla de los gobiernos de los partidos tradicionales, vivimos ahora en el mejor de los mundos.

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