21 mayo, 2019

Los Partidos Políticos son indispensables para la Democracia

Los partidos políticos, genéricamente considerados, están hoy mal vistos por la ciudadanía y aparecen en los últimos lugares en todas las mediciones de credibilidad y confianza de las instituciones públicas; sin embargo, siguen siendo indispensables para el buen funcionamiento de la democracia. Sin perjuicio de criticarlos siempre que corresponda, hay que trabajar para fortalecerlos, exigiéndoles que hagan bien lo que, hasta que se invente otra cosa, sólo ellos pueden hacer.
Una de las funciones que históricamente han cumplido los partidos políticos en el Uruguay ha sido la de impartir educación cívica a la población. A través del trabajo político, y fundamentalmente a través del trabajo electoral, la dirigencia y la militancia de los partidos se familiariza con las normas de nuestro sistema, aprende a aplicarlas y luego le traslada sus conocimientos al ciudadano común que, a la hora de votar, se acerca a las organizaciones políticas para informarse, pedir explicaciones, criticar o participar. De este modo -entre otros- se va formando eso que llamamos «la tradicional cultura cívica del pueblo uruguayo» y que es uno de los rasgos más importantes y positivos de nuestra identidad nacional.
En la actualidad se ven señales claras de que esa cultura cívica ha sufrido un deterioro significativo. En las redes sociales se leen manifestaciones que, más allá de cualquier otra consideración que pueda hacerse a su respecto, demuestran un alarmante desconocimiento de reglas básicas de nuestro ordenamiento institucional. Entre muchos que en este año de elecciones se acercan a las agrupaciones políticas, aún con un buen nivel cultural general y acaso con formación profesional, se nota ese mismo desconocimiento. No sorprende, en consecuencia, que cuando llega el momento de votar, quienes integran las mesas de votación cometan errores gruesos al labrar las actas correspondientes, lo que a su vez genera polémicas y suspicacias, luego amplificadas por los medios de comunicación y, otra vez, las redes sociales. De esta manera se socava el prestigio de las instituciones, tan necesario para su eficacia, y se facilita la prédica antisistema que se ha vuelto tan común en las democracias occidentales.
Hay que entender que esto no se arregla con charlas de una o dos horas, dictadas de apuro en las vísperas de cada elección. Se requiere que la labor permanente de los partidos políticos enseñe a sus simpatizantes y adherentes por lo menos el abecé del sistema, en su teoría y en su práctica, para que la ciudadanía tome cabal conciencia de las reglas y principios que rigen la democracia uruguaya y así esté en condiciones de defenderla, en lo mucho que tiene de bueno, tanto como de criticarla y corregirla en todo lo que debe mejorarse, que es mucho también.
Puede haber partidos políticos sin democracia, pero no hay democracia sin partidos políticos. En lugar de criticarlos para demolerlos, lo que se necesita es trabajar para mejorarlos.

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