21 agosto, 2018

Vaivenes prelectorales

Por Jorge E. Leiranes

Hay veces en que el calendario se vuelve ocioso. Las diferentes fases de un tiempo y los sucesos que ocurren (o dejan de ocurrir) a veces modifican plazos que antes, parecían inalterables. Digo esto porque, aunque estamos a poco más de dos años y medio, para la primera instancia comicial, los vaivenes prelectorales ya han comenzado.

La inacción del gobierno, que a las claras demuestra no tener plataforma (como se decía antes) ni programa y menos aún proyecto de país, exaspera a la gente.

El Presidente -sin duda, la referencia más visible del gobierno- ahora viaja; pero cuando no lo hace, se sumerge en su tradicional quietismo, completamente sosegado, sin turbación alguna, absolutamente indiferente a cuanto acontece a su alrededor.

Los recordados acuerdos ministeriales, otrora de gran utilidad para monitorear la gestión de las distintas secretarías de estado, han sido sustituidos por meros trámites oficinescos en los que el Presidente hace las veces de un gerente general.

Las reuniones de gabinete, imprescindibles para la acción del Ejecutivo, se desarrollan en medio de sucintas deliberaciones (según se comenta, rara vez el Presidente sugiere algo) y cada ministro -por así, habérsele instruido- hace su parte, como jugando al Antón Pirulero (cada cual que atienda su juego).

Y el país, viviendo una de sus horas de mayor desconcierto, tiene suficientes razones para pensar que nada va a cambiar mientras dure este gobierno.

El deseo de que esto llegue a su término, promueve la acción militante, aumenta las especulaciones de los operadores de la política y las redes -para nada ajenas al acontecer- reflejan el sentimiento de desolación y de incertidumbre que todo lo domina.

Varios nenes para un trompo que empieza a ser ajeno

En el Frente los dos referentes tradicionales (Astori y Mujica) no admiten sus candidaturas, tampoco las descartan. El primero -que de ser candidato, tendría para ese entonces 80 años- consultado por Búsqueda, si iba a aceptar, respondió: No tengo la más mínima idea. Quiero seguir trabajando en política. El futuro va a decir qué lugar nos toca a cada uno. No quiero entrar hoy en una carrera que me parece absolutamente apresurada. Sólo (digo) que quiero estar. El segundo, proclive a decir tanto una cosa como otra, contestó al semanario: Me encantaría ser candidato. Sería un cínico si dijera lo contrario. Pero la biología me dijo que no. Me agarró pasado. Si tuviera diez o quince años menos, (para la fecha de las elecciones tendría 85) me hago una fiesta. Apremiado por el periodista que le dijo que mucha gente no le iba a creer, Mujica retrucó, Vamos a hacer una cosa. Hagamos una apuesta. Si los que dicen que voy a ser candidato quieren, apostamos medio millón de dólares.

Cualesquiera sean las manifestaciones de ambos líderes ochentones, lo que sí está claro, que ninguno de los dos está dispuesto a bajarse de sus respectivas candidaturas, menos a perder ascendiente en la coalición.

Mujica empeñado en reforzar su propio peso, toma partido en la interna seregnista, asegurando que ve, que Bergara y Lorenzo son mucho más políticos que el propio Astori.

Hace meses que se sabe, que el expresidente mantiene contactos muy fluidos con el actual presidente del BCU. A las frecuentes visitas de Bergara a la chacra de Rincón del Cerro y al muy visible encuentro de ambos, hace pocos días en el Bar Mónaco de Rondeau y Uruguay (que según testigos oculares, se extendió por más de tres horas) se agrega la reunión del propio Bergara con el intendente de Maldonado, Oscar De los Santos, de la que da cuenta El Observador el miércoles 5, para intercambiar ideas sobre un recambio en el sector de Astori que ambos integran.

Otro de los que se perfila en la carrera presidencial, es el intendente capitalino, Daniel Martínez apadrinado y dirigido desde la línea de banda por el mismísimo Presidente Vázquez sin dejar detalles librados al azar: Use corbata y vestimenta formal, deje el termo y el mate al costado, comience a preparar una visión de país, y salga a recorrer el interior integrando los gabinetes abiertos.

Blancos repiten fórmula, colorados no

En los partidos de la oposición -al menos en el caso de los Partidos Fundadores– aunque nadie desestima el tema de las candidaturas, por diferentes razones, no es el prioritario en ambas agendas.

Los blancos, con viento en la camiseta, alentados por los resultados de las encuestas, y por la opinión favorable de varios analistas, no creen necesario modificar la oferta. Uno de estos columnistas funcionales al Nacionalismo, escribía la semana pasada: buenas razones tienen los nacionalistas para alentar una victoria, ante la declinación del Frente, dado que ostentan el segundo lugar desde hace tres elecciones seguidas. Para ser justos, mucho más que tres veces el Partido Nacional ha salido vice campeón, en el presente, y muchas más en el pasado; y eso no les ha otorgado mayor chance a la hora de campeonar.

Las internas habrán de determinar el orden de la fórmula blanca, Lacalle-Larrañaga o Larrañaga-Lacalle, empero, para los nacionalistas, esa no es razón suficiente para debilitar el optimismo que los embarga.

Entre los colorados si bien nadie -ni aún los bordaberristas- piensa que haya que repetir cabalmente la misma fórmula, existe el común convencimiento de que el surgimiento de nuevos liderazgos, no deberá provenir del dedazo de la cúpula.

Advertidos de que la recreación partidaria deberá proceder de abajo hacia arriba y no a la inversa. Saben que la primera prioridad no es elegir candidatos, sino reactivar el trabajo militante en los barrios, para que desde las bases emanen los elementos, que habrán de impulsar los nuevos liderazgos.

El adelanto de la elección interna, con primarias presidenciales para 2018, propuesto por Tabaré Viera, aún sin una respuesta orgánica, parecería en principio no contar con apoyo.

Con algunos ajustes a la idea original, podría ser éste el procedimiento genuino para poner en marcha al Partido. De lo contrario, debería responderse con un proyecto de solución que saque ya, al Partido, del quietismo en el que se encuentra por responsabilidad de quienes ejercen su liderazgo.

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