10 diciembre, 2018

Notable demostración de talento

Por Jorge E. Leiranes

Por distintos motivos, la interpelación que el diputado Pasquet le realizó el miércoles pasado, al canciller de la república Rodolfo Nin Novoa, seguramente descollará en las crónicas de la corriente legislatura.

Fueron catorce horas. Tan tediosas como las de cualquier otra sesión parlamentaria. Pero matizadas con pasajes vibrantes, en los que el fulgor de la retórica del interpelante, generó asentimiento y hasta hilaridad entre los diputados de la oposición; al tiempo que, inocultable desasosiego entre los oficialistas.

Con un desprecio inadmisible para con la labor parlamentaria, la bancada del gobierno -luego de una acalorada interna- y en cuanto reunió los votos para imponer su voluntad -dando por resuelto el debate, dos días antes de librarlo en el seno de la Cámara- hizo que tomara estado público el texto de la declaración que iban a votar.

Curiosamente no fue el ministro por su gestión, el que recibió el apoyo de la mayoría.

El enrevesado texto de la declaración final -en un hecho inaudito y probablemente sin precedentes en los anales parlamentarios- de manera muy precisa, dirigió su apoyo al gobierno de la república, evitando respaldar al ministro -al que muchos frenteamplistas desaprueban. Y de paso trató de originar una grieta entre el presidente y el canciller, que se sabe, no existe.

El trámite de la deliberación nos retrotrajo a viejas sesiones parlamentarias. Los argumentos eran los mismos de Jose Luis Massera, de Enrique Rodríguez, y de Rodney, el viejo Arismendi. Por cierto con una categoría muy superior, la de aquellos, a la de estos mozalbetes de las bancadas comunista, socialista y del MPP.

Ocurre que como antes, Nicolae Ceausescu, Iósif Stalin y Josip Broz (Tito), y luego también Fidel Castro, Ernesto Che Guevara y Hugo Chávez -figuras todas de una falsa deidad- suscitaron y aún suscitan la admiración de jóvenes dispuestos a ser dogmatizados.

De la misma manera que aquellos recordados legisladores, secundaron las dictaduras de Juan Domingo Perón, Juan Velasco Alvarado, Juan Carlos Onganía y adhirieron al golpe de los militares uruguayos del 9 de febrero de 1973, los nuevos diputados de esa izquierda, adhieren hoy a las tiranías no menos siniestras de Raúl Castro, Nicolás Maduro y Kim Jong un.

Es que la fascinación de estos grupos de origen marxista, por los despotismos de izquierda, está en su ácido desoxírribo nucleico, más conocido por su sigla ADN, y ya se sabe que tan difícil les resulta a ellos cambiar el ADN de lo que sea.

Uno los observa detenidamente y es fácil captar el esfuerzo que hacen intentando objetar y rebatir las buenas razones, procurando evitar que las cosas encuentren su sitio. La energía intelectual que deben aplicar (y a veces no llega a ser suficiente) para al final (muy al final) tenerle que conceder el mérito al que se lo merece, pero nunca públicamente.

Pasa que como decía Iñaki Gabilondo, el genial columnista catalán de la Cadena SER, refiriéndose a estos militantes de las izquierdas, Son victimas de una lógica que los fuerza a aguantar sin respirar, una apnea política en la que viven, pero que tarde o temprano los obliga a respirar.

Y hay casos en que vuelve a cobrar vigencia aquel viejo refrán, del que no recuerdo su origen (si es que algún día lo supe) que asegura que Para enfermedades de años no hay medicina.

Como no pudieron los diputados de la oposición, hacer que entendieran los del gobierno, la dicotómica frase implícita en la discusión, (que en clave artiguista sería, La cuestión es entre la Libertad y el Despotismo) los diputados del FA, siguieron afirmando que la Venezuela de hoy es una democracia (sólo) con problemas.

Como liberales que somos, que practicamos la tolerancia, debemos aceptar sus pareceres, porque esas son sus opiniones genuinas: parafrasean el verbo de Artigas pero no lo entienden.

Así transcurrió el extendido acto de interrogar al ministro. Los legisladores oficialistas, más precisamente los de los sectores dominantes, andando descalzos sobre vidrios rotos al ritmo de la Internacional (la comunista, porque las socialista ya no ameniza las ponencias de los populistas) prefirieron ser leales al chavismo (otrora dadivoso, devenido en insolente) que ser fieles a la clase obrera y popular, y a los que ayer padecieron en sus propias carnes los azotes de la dictadura militar.

Poco antes del esperado final, el miembro interpelante, haciendo gala de su talento y aun economizando el tiempo para evitar más fatiga de sus pares, se encargó de dinamitar uno a uno, los modestísimos argumentos de sus contradictores de la Cámara (ya que el ministro, solamente se limitó a cumplir con el requisito de responder con rodeos, desde la postura propia de quien no está convencido de lo que debe decir por imposición de las circunstancias).

Justo es reconocer que la prodigación, la ponderación y la seriedad del interpelante fue reconocida, no solo por el canciller interpelado, sino por los hombres y mujeres diputados de todos los partidos. Sobresalieron las palabras conceptuosas de la legisladora nacionalista, Graciela Bianchi, la que refiriéndose a Pasquet, manifestó, Yo siempre digo, acá en esta Cámara habemos muchos abogados, pero juristas hay uno sólo y ese es él.

Dejado a un lado el resultado de la interpelación, producto de la circunstancias; el acto parlamentario en sí, fue una notable demostración del talento del diputado Ope Pasquet; y ya en el momento final, un broche de oro, para él que recibió loas de los diputados de toda la oposición.

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